Ejercicio físico en el cáncer metastásico

Macizo del Vignemale, julio 2021

El tema que traigo hoy está dirigido a una de las fases más complejas y difíciles del tratamiento oncológico: el cáncer metastásico. Probablemente, una etapa de las que es más necesario hablar y menos abordamos a nivel sanitario. No es fácil afrontar todas las adversidades a las que tienen que hacer frente los pacientes con esta condición, tanto a nivel físico como psicológico, aunque hoy sí tenemos claro que se pueden tener »aliados» para mejorar la calidad de vida, reducir los efectos secundarios y potencialmente influir en la progresión de la enfermedad. Uno de ellos es el ejercicio físico.

Todos esperamos tener <<una buena vida hasta el final>>, es una aspiración natural y profundamente humana, pero cuando te diagnostican cáncer, esa esperanza puede verse emborronada por miedo, incertidumbre, angustia… Sin embargo, es importante recordar que aunque el cáncer, y más concretamente el cáncer metastásico, trae consigo retos muy significativos, los avances en medicina y los enfoques de apoyo están en continua búsqueda, no sólo de prolongar la vida, sino también de mejorar la calidad. Es por eso que hoy quiero explorar la evidencia científica ya disponible sobre la importancia de seguir realizando ejercicio físico durante el tratamiento del cáncer metastásico, desde un enfoque fisiológico y de salud general.

La respuesta del cuerpo al ejercicio varía dependiendo de la etapa de la enfermedad y del tipo de cáncer, pero en general, el ejercicio induce una serie de respuestas fisiológicas que son muy beneficiosas:

  • Adaptación muscular: el entrenamiento de resistencia induce a la adaptación del músculo, lo que aumenta su tamaño y fuerza. Así, se puede contrarrestar y poner freno a la pérdida de masa muscular (sarcopenia) a la que se ven sometidos los pacientes con cáncer metastásico. Esto es crucial para seguir manteniendo la movilidad, la autonomía y la calidad de vida.
  • Reducción de la inflamación: la inflamación crónica es un componente clave en el cáncer y su metástasis. El ejercicio regular se ha visto que reduce los niveles de marcadores inflamatorios en el cuerpo, contribuyendo a disminuir el ambiente favorable inflamatorio del cuerpo y entorpeciendo el crecimiento tumoral.
  • Reducción de la astenia o fatiga crónica: este es uno de los efectos secundarios más comunes del tratamiento oncológico, es realmente debilitante y uno de los que más preocupa a los pacientes. Los estudios han demostrado que la actividad física moderada, estructurada en sesiones cortas por lo menos dos días a la semana ayuda a disminuir la sensación de fatiga, mejora la resistencia física y permitir que los pacientes mantengan su independencia en las actividades de la vida diaria.
  • Efectos sobre el sistema inmunológico: el ejercicio activa el sistema inmunológico, incrementando la producción de linfocitos T y células NK (natural killer), ambos fundamentales para la defensa de nuestro organismo. Son linfocitos de gran importancia en el fenómeno llamado vigilancia inmunitaria al ser los encargados de combatir células que presentan neoantigenicidad, especialmente células cancerosas.
  • Metabolismo de la glucosa y la insulina: este beneficio está en estudio actualmente. De ser tal y como afirman algunos científicos podría ser una revolución en el abordaje del cáncer. El ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina y regula los niveles de glucosa en sangre. Además, los músculos consumen muchísima glucosa cuando se ponen en marcha. Dado que el metabolismo de la glucosa está alterado en muchos tipos de cáncer, y que se cree que las células tumorales consumen glucosa también, el ejercicio y el aumento de masa muscular podría ayudar a reducir los niveles de glucosa disponibles para las células tumorales.

En conclusión, podríamos afirmar que el ejercicio físico desempeña un papel crucial en la gestión de la salud de las personas con cáncer metastásico. No solo contribuye a mejorar la calidad de vida y reducir el dolor sino que también tiene efectos fisiológicos que son muy beneficiosos para la progresión de la enfermedad. Es esencial que los pacientes oncológicos consulten a sus médicos y fisioterapeutas antes de iniciar un programa de ejercicio, para que sea adaptado a sus condiciones y sus particularidades.

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