El cáncer de mama necesita recursos, cuidados y respeto. No tu producto rosa.
Cada octubre el mundo se disfraza de rosa. Las marcas sacan sus productos “solidarios”, los escaparates se llenan de lazos, y las redes se inundan de mensajes de “fuerza”, “esperanza” y “lucha”. Pero ¿sabes qué?
El cáncer de mama no es una oportunidad para vender más.
Esto no es solidaridad, es negocio
Llega el décimo mes del año y con él llega el cambio de hora, la migración de las aves, la fiesta del marisco en O Grove (Galicia), el marrón de las hojas recordando que el otoño ya ha comenzado, y como no, el lazo rosa. Aparece en camisetas, tazas, zapatillas, cosméticos, electrodomésticos y hasta en productos que —¡ojo!— aumentan el riesgo de padecer cáncer.
Todo parece estar “comprometido” con la lucha contra el cáncer de mama. Pero, ¿de verdad lo está?

Como fisioterapeuta oncológica, como profesional que acompaña a mujeres antes, durante y después de un diagnóstico de cáncer de mama, no puedo quedarme callada: muchas marcas están utilizando el cáncer “por una buena causa”, pero cuando preguntas a dónde va ese dinero o cuánto donan, te encuentras con el silencio, con la letra pequeña o directamente con humo.
Hay marcas que cada octubre se aprovechan del sufrimiento de miles de mujeres para maquillar su imagen y llenar su caja.
Esto no es ayudar. Esto es utilizar el cáncer. No es solidaridad, es negocio.
La realidad del cáncer de mama
El cáncer de mama no es un color rosáceo ni una frase inspiradora. Es una cirugía que te mutila una o las dos mamas. Es quimioterapia que te hace vomitar, perder el pelo, los dientes, las uñas, la libido, la energía y hasta la memoria.
Es un tratamiento hormonal que te deja menopáusica a los 35 años. Es sentirte una extraña en tu propio cuerpo. Es mirarte al espejo y no reconocerte.
Es ansiedad, depresión, aislamiento. Es miedo.
Es planificar tus días alrededor de los efectos secundarios.
Es pensar que cada dolor puede ser una metástasis.
Y sí, también es muerte. Porque aunque no se hable, el cáncer de mama mata. Y no todas “lo superan con una sonrisa”.

¿Dónde están las marcas cuando acaba octubre?
Muchas marcas están “muy comprometidas”… durante 31 días.
Después, desaparecen.
Eso sí, lo que no desaparece tan rápido son las secuelas: el linfedema, el dolor crónico, la fatiga que no se va, la rigidez articular… Se quedan sin trabajo, sin pareja, sin ingresos, sin apoyo. Sin pelo, sin tetas, sin energía.
¿Dónde están las campañas para pagar fisioterapia oncológica? ¿Dónde está el apoyo psicológico? ¿Dónde están los fondos para investigación metastásica? ¿Dónde están los recursos para acompañar a las mujeres que mueren de cáncer de mama cada año?
En las planchas de pelo rosas no, desde luego.
No necesitamos que el mundo se pinte de rosa. Necesitamos que deje de mirar hacia otro lado.
Necesitamos acceso universal a la rehabilitación oncológica.
Necesitamos que se hable del cáncer de mama metastásico.
Necesitamos políticas públicas que garanticen la atención integral: física, emocional, sexual, laboral.
Necesitamos que dejen de infantilizar esta enfermedad con frases y lacitos brillantes.
Necesitamos respeto. Acción. Recursos. Investigación.
Y sí, yo también he participado en numerosas carreras con camiseta rosa pensando que el dinero que había pagado iba en su mayor parte a financiar proyectos para investigación de cáncer de mama. Y sí, también he comprado botellas de agua rosas. Y en algún momento me he sentido culpable por hacerlo. Pero no, esto no va de sentirse culpable uno mismo, va de ir un poquito más allá al donar e investigar qué se hace con ese dinero y desde las marcas no engañar al consumidor. Veamos qué podemos hacer nosotros como consumidores.
La próxima vez que veas un lazo rosa en un paquete de galletas… pregúntate:
- ¿Cuánto dinero de esta compra se dona realmente?
- ¿A qué organización?
- ¿Qué hace la organización con ese dinero?
- ¿Está esta empresa verdaderamente comprometida con la salud de las mujeres?
- ¿O solo quiere que pienses que lo está para que sea el mes del año que más vende?
Abre los ojos.
Habla del cáncer como es.
Apoya con sentido.
Pedimos un compromiso real. Necesitamos que las marcas:
- Sean transparentes con las donaciones: cuánto, a quién y para qué.
- Apoyen proyectos que realmente cambian la vida de las pacientes (investigación, tratamientos, atención psicológica, fisioterapia oncológica, acceso igualitario a los cuidados).
- No se aprovechen del dolor ajeno para limpiar su imagen o aumentar beneficios.
Porque el cáncer de mama no es una campaña de marketing.
Porque duele. Porque mata.
Y porque no es justo que encima se aprovechen de él.
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