Secuelas físicas tras el cáncer: la recuperación que muchas personas no reciben

– El tratamiento oncológico ha terminado. Las pruebas son buenas. El informe dice “remisión”. Te mantendremos las revisiones cada x meses. Enhorabuena.-

– ¿Enhorabuena? – se pregunta mientras tiene que hacer un esfuerzo tremendo por mantener la mirada horizontal debido a la retracción que le ha provocado la cirugía de esófago y la radioterapia en el cuello.

Este es un caso real. Una persona montañera, a la que le gusta escribir, que ha pasado por un cáncer de cabeza y cuello, y que después nota que el cuello ya no se mueve igual. Bueno, el cuello y el resto del cuerpo.

En pocos meses han aparecido el dolor, la rigidez, la dificultad para mantener la postura, el equilibrio y para realizar gestos tan cotidianos como girar la cabeza, tragar o hablar con normalidad. El cuerpo parece haberse desconectado: las distintas partes del aparato locomotor ya no responden como antes.
En este caso, incluso la alimentación necesita apoyo mediante una sonda directa al estómago durante esta etapa del proceso.

La enfermedad ha sido tratada.
El cuerpo, está claro, no..

Las secuelas físicas tras el cáncer: una realidad


Este caso no es una excepción.
Después y durante un cáncer —ya sea de cabeza y cuello, mama, ginecológico, digestivo o urológico— muchas personas conviven con secuelas físicas derivadas de los tratamientos.

Dolor persistente, rigidez, pérdida de movilidad, debilidad muscular, alteraciones de la deglución o la respiración, fatiga intensa… Son consecuencias reales que aparecen con frecuencia una vez finalizado o durante el tratamiento oncológico y que pueden afectar de forma significativa a la calidad de vida.

No son molestias puntuales ni inevitables. Son consecuencias físicas que, sin un abordaje adecuado, pueden cronificarse y limitar la vida diaria.

El vacío tras el alta médica o durante el seguimiento oncológico

Una vez finalizado el tratamiento oncológico, o durante las fases de seguimiento en personas con enfermedad activa, la atención sanitaria suele centrarse en el control de la enfermedad. Las revisiones son necesarias, pero con frecuencia la recuperación y el acompañamiento físico quedan en segundo plano.

Muchas personas, tanto en situación de remisión como conviviendo con metástasis, no cuentan con un plan claro de rehabilitación ni con orientación específica para recuperar movilidad, reducir el dolor o mantener la mayor funcionalidad posible en su día a día.

El mensaje implícito acaba siendo que estas limitaciones forman parte del “después del cáncer” o del «proceso de la enfermedad».

Y no siempre debería ser así.

Cómo afectan las secuelas a la calidad de vida

Las secuelas físicas no tratadas influyen directamente en la autonomía personal, la reincorporación laboral y la vida social. Dolor al moverse, miedo a forzar el cuerpo, dificultad para comer fuera de casa, cansancio constante o sensación de rigidez permanente son situaciones habituales.

Cuando el cuerpo no responde, la recuperación emocional también se ve afectada.

El papel de la fisioterapia oncológica en la atención sanitaria

La fisioterapia oncológica es una especialidad orientada a tratar las secuelas físicas del cáncer y de sus tratamientos de forma individualizada y basada en la evidencia científica. Forma parte (o debería formar) del abordaje integral que muchas personas necesitan durante y después del proceso oncológico.

Su objetivo es ayudar a las personas a:

  • recuperar movilidad, fuerza y función,
  • reducir el dolor, la rigidez y la fatiga,
  • prevenir complicaciones a largo plazo,
  • mejorar la calidad de vida durante y después del cáncer.

No se trata solo de aliviar síntomas, sino de acompañar el proceso de recuperación corporal cuando el tratamiento médico ha terminado o cuando la enfermedad se cronifica, favoreciendo la autonomía y la funcionalidad.

Una reflexión necesaria

Superar un cáncer o convivir con él no debería implicar hacerlo sin apoyo para afrontar las secuelas físicas.

Hablar de una atención oncológica verdaderamente integral implica que la recuperación funcional y el tratamiento de las secuelas formen parte del proceso asistencial dentro del sistema público de salud, y no queden relegados a recursos a los que solo acceden algunas personas.

Visibilizar esta realidad es un primer paso para abrir un debate necesario como sociedad.

Porque tratar la enfermedad es fundamental.
Pero ayudar al cuerpo a recuperarse también lo es.

Raquel, profesora de yoga oncológico en ZEBION, realizando una de sus clases restaurativas de cuerpo y alma.

Deja un comentario